Protusion Discal

 

La protusión discal, a la que también la conocemos como desplazamiento de disco o hernia, es un trastorno que afecta de forma directa a las vértebras de nuestra columna vertebral.

Los discos que sirven de amortiguación para las vértebras tienen la función de ayudarnos a que el cuerpo se flexione cuando estamos haciendo diferentes actividades, a inclinarnos, cuando giramos, cuando rotamos, cuando nos tocamos los dedos de nuestros pies…

Si se produce una lesión en esta zona específica, afectará a la movilidad en general, y provocará diferentes cuadros del dolor en la espalda.

Por ello, es importante comprender exactamente a lo que nos referimos con una “protrusión discal”.

Si actuamos contra ella a tiempo, el facultativo podrá encontrar un tratamiento que evitará que la cosa se vaya a complicar de cara al futuro. Si no lo hacemos, empezaremos experimentar algunos problemas como dolor crónico, debilidad en los músculos, pérdida de control de las evacuaciones del intestino, de la vejiga… Por lo que la cosa es mucho más grave de lo que parece.

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¿Qué es exactamente la protrusión discal?

Básicamente lo que ha ocurrido es que un disco se ha protuído; en otras palabras, se ha movido y ahora se encuentra en una posición que no es la que le corresponde.

Es importante que sepas que los discos están ubicados entre las diferentes vértebras que a lo largo de toda la columna y que, como ya hemos comentado, nos ofrecen protección y amortiguación de los movimientos. Lo que hace es evitar que las vértebras puedan chocar entre ellas.

A medida que nos vamos haciendo mayores, estos discos se van desgastando por el roce que van teniendo entre ellos. Por eso, su tamaño se va reduciendo y ya no tienen tanta capacidad de amortiguar el contacto de las vértebras como anteriormente. Todo esto tiene como resultado la limitación de los movimientos y una determinada rigidez anormal.

La principal diferencia entre la protrusión discal y una hernia de disco es que, en el primer caso, el disco estará intacto. En una hernia, el disco explota, se rompe, se quiebra, o se produce algún tipo de daño que hace que la sustancia gelatinosa interna se escape.

 

¿Cómo identificar una protrusión discal?: Síntomas

 

Dolor

El dolor es uno de los síntomas más característicos. Puede empezar a manifestarse como una leve punzada de dolor que, poco a poco, empezará a volverse más agudo. Este se origina en la zona de la espalda, mando el disco hace presión contra los nervios, o bien si uno de estos ha quedado pellizcado.
Algunos pacientes experimentan un trastorno que se conoce como ciática; lo que ocurre es que un disco se protuye y varía de posición situándose contra los nervios; esto hará que se presente un dolor punzante, agudo, y que se empezará a extender a lo largo de la zona de la pierna hasta llegar hasta el glúteo (en casos más graves, podría llegar a afectar a las dos piernas).
Si el paciente anda, se sienta, cambia de posición, o se recuesta, sentirá diferentes puntadas de dolor con distintos grados.

 

Incapacidad de realizar algunos movimientos

Un síntoma que también se asocia con la protrusión discal es la limitación de realizar algunos movimientos como, por ejemplo, la incapacidad del paciente para poder inclinarse hacia adelante. En algunos casos extremos, ni tan siquiera podrá enderezar la columna para conseguir una posición erguida ya que, si lo intenta, no tardará en presentarse el dolor.

 

Otros síntomas

También podrían producirse algunos síntomas como el adormecimiento de la zona de las piernas o de los brazos o debilidad en los músculos, dependiendo de lo grave que sea la lesión.

 

¿Hay tratamiento?

En la gran mayoría de las situaciones, la protrusión discal puede llegar a curarse por si misma. Sin embargo, esto no es algo que se vaya producir de la noche a la mañana, sino que llevará tiempo y mucho esfuerzo por parte del cliente.

El facultativo puede recomendar los siguientes métodos para conseguir el alivio del dolor del paciente:

-Baños: Los baños tibios son una buena manera de conseguir que la zona afectada este a la temperatura correcta. Es importante que el agua no esté ni excesivamente caliente, ni excesivamente fría porque podría llegar a provocar dolor.

-Almohadilla eléctrica: Este dispositivo también nos puede ayudar ya que aplicará calor en la zona deseada. Si tenemos una dolencia en la que nos alivia el frío, entonces nos podemos decantar por la opción de las compresas de hielo. Ahora bien, ni la almohadilla, ni las compresas se deben de utilizar por un tiempo superior a los 20-30 minutos.

-Medicamentos: En la farmacia podemos encontrar algunos medicamentos que se venden sin receta y que nos servirán para aliviar el dolor. Sin embargo, si el facultativo lo considerase necesario, podría llegar a recetarnos algunos específicos para conseguir que nuestros músculos se relajen, o bien con el objetivo de relajar la inflamación.

 

Factores que podrían agravar la protrusión discal

Las personas que levantan objetos pesados de manera habitual (por ejemplo, si es un trabajo), tienen mayor riesgo de experimentar este trastorno. La razón de ello es que flexionan más sus discos, y es más fácil que se puedan estropear.

Aquellos sujetos que son obesas, o tienen tendencia a sufrir sobrepeso, también pueden experimentar este problema debido a la presión constante que se produce en los discos.

También puede llegar a producirse en deportistas, especialmente en aquellos que no calientan de la forma adecuada. Piensa que un mal movimiento, un salto grande, o cualquier otra situación extrema podría llegar a afectar al disco haciendo que éste se saliera de su lugar.

Además, los ancianos también son propensos a experimentar cuadros de protrusión discal. Los discos de sus vértebras están más gastados y, además, también tienen mayor posibilidad de experimentar enfermedades de carácter degenerativa. De esta manera, los discos se van haciendo más pequeños y ya no son tan capaces de amortiguar el impacto de la vértebra.

Una dolencia que, si no se controla, puede ser mucho peor de lo que parece.